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Pequeña Enciclopedia de las Conservas
Las conservas que se preparan industrialmente son innumerables y las amas
de casa reconocen que se puede catalogar de "providenciales" para el
permanente "apuro" que las acosa debido a la intensa actividad actual. Se
considera que son alimentos de óptima calidad, sabrosos e higiénicamente
indiscutibles, por cuyo motivo son adoptados y considerados como una ayuda
muy valiosa. El interés que tenían las abuelas, expertas y hábiles
cocineras, en la preparación de conservas caseras se mantiene vivo en la
actualidad y su preparación constituye para muchas mujeres y hombres un
hobby agradabilísimo. Ya sea por el placer de gustar u ofrecer a los
huéspedes un producto casero y el resultado de una experiencia personal,
muchos de los que ensayaron una receta "para probar" se han trasformado en
breve tiempo en expertos y entusiastas "conserveros".
Quien ha probado realizarlo se ha dado cuenta de que no se requieren dotes
especiales y menos aun mucho tiempo y fatiga, ya que son muchas las
conservas que se pueden preparar en poco tiempo. Solamente se necesita un
poco de buena voluntad y atención y naturalmente comenzar por lo más
sencillo así a medida que se adquiere experiencia se podrán afrontar
preparaciones más complicadas.
Elección de productos y preparaciones preliminares.
A pesar de que uno de los requisitos fundamentales de las conservas es el de
economizar la adquisición de los ingredientes y elementos debe hacerse con
cuidado eligiendo ya sea la fruta u hortalizas, de primera calidad, en su
punto justo de madurez, sin manchas ni defectos y que además no hayan sido
tratados con microbicidas, abonos, etcétera. Naturalmente estos problemas no
existen para quienes cultivan un huerto o jardín en los que figuran
frutales, teniendo la posibilidad de obtener a placer hortalizas y frutas.
No se aconseja adquirir los primeros productos de la cosecha porque son más
caros y porque son menos sabrosos y por consiguiente no se adaptan para
preparar buenas conservas.
Preparación de las hortalizas.
En muchos casos las hortalizas para conserva se sumergen en agua hirviente
algo salada y se dejan unos segundos con el recipiente destapado. Es un
procedimiento que se usa también para mantenerlas en su color natural. Es
importante no salarlas mucho porque se endurecerían. Luego se deben
simplemente escurrir. En el caso de conservarse sin cocción previa, se lavan
y secan con cuidado; si se trata de hierbas aromáticas, como el perejil, la
albahaca, orégano, se dejan secar al aire perfectamente, de lo contrario en
poco tiempo se formaría moho. En cuanto al tamaño, se repite lo que
mencionamos para la fruta: si son pequeñas se dejan enteras, en caso
contrario se cortan en trozos regulares, tal como lo indique la receta.
Preparación de la fruta.
Hay quien aconseja no lavar la fruta, sino solamente repasarla con una tela
húmeda; estamos de acuerdo si se trata de productos cultivados en la propia
huerta. Cuando se tiene esa suerte, se debe procurar obtener el producto en
las primeras horas de la mañana, pero en caso contrario, la limpieza debe
hacerse con mucho cuidado y rápidamente para evitar que pierdan perfume,
finalmente se secarán las frutas con un paño limpio, una por una.
Para preparar mermeladas, jaleas y otras conservas, en muchos casos se debe
pelar la fruta, eliminando tallitos, semillas, etcétera y casi siempre
cortarla en tajadas o trozos, exceptuando las pequeñas (cerezas, frutillas,
frambuesas, etcétera) que se dejan enteras. Casi todas las frutas que se
ponen en almíbar se utilizan enteras, exceptuando las que son demasiado
grandes en cuyo caso se usan mitades, cuartos, etcétera. Para la
conservación en alcohol, licores o destilados, se tendrá la precaución de
dejar un trozo de cabito o tronco a las frutas, por lo tanto esto se tendrá
en cuenta al cosecharla o comprarla.
Frutas en almíbar.
La preparación de fruta en almíbar, o sea, conservada en un jarabe de
azúcar, es bastante simple y difícilmente ocasiona inconvenientes. Para este
tipo de conserva se necesita elegir fruta madura, pero no demasiado, sana y
en lo posible pareja en cuanto a tamaño. En algunos casos, la fruta, antes
de ser colocada en los envases, se sumerge por brevísimo tiempo en agua
hirviente, pero, casi siempre se acostumbra colocarla cruda bien lavada y
seca, en los frascos, (si es necesario, pelada) luego se cubre con un
almíbar con el punto indicado en cada caso. Lo ideal sería indicar con
exactitud el grado de densidad del jarabe para lo que existe un "pesajarabe".
Mermeladas y dulces.
La cocción de los dulces y las mermeladas puede presentar inicialmente
algunas dificultades a las amas de casa menos expertas, dado que es
imposible dar tiempo exacto de cocción. Según la consistencia más o menos
acuosa y la cantidad del ingrediente el cocimiento varía. Al evaporarse el
líquido, el compuesto a menudo se va espumando y así cuando se ha logrado
bastante consistencia, se baja la llama y se continúa la cocción mezclando
siempre. Para conocer el punto en que se considera terminada la mermelada o
el dulce hay varios sistemas. Uno de los más prácticos es sumergir una
cuchara de madera en la preparación, levantarla y dejar caer lentamente una
porción. Si se forma un hilo que no se corta, se prolongará la cocción un
poco más; en cambio, si se forma un hilo que se corta, discontinuo, que
tiende a desprenderse de la cuchara, la cocción debe terminar. Otra forma de
comprobarlo es echando una cucharadita de la preparación en una taza llena
de agua fría. Si está a punto se va al fondo y no se disuelve, en caso
contrario se mezcla con el líquido. Para la preparación de dulces y
mermeladas con frutas poco consistentes y demasiado acuosas, es útil el
agregado de cierta cantidad de manzanas. Se puede estimar en una manzana por
cada kilogramo, más o menos de fruta, pues aquélla es rica en pectina, una
sustancia espesante. Si se desea una larga conservación, se puede agregar a
estas conservas algún antifermentativo que impide la formación de moho, pero
es preferible utilizar el sistema de esterilización, más natural y que no
altera los sabores.
Envasado por calor o autoesterilización.
Es aconsejable para mermeladas, dulces y jaleas. Los envases en los cuales
va colocada la conserva deben ser previamente calentados, después apenas se
saque del fuego se vierte el compuesto preparado, dejando arriba un espacio
libre de más o menos un centímetro, se cierran los frascos inmediatamente
efectuándose así una especie de autoesterilización. Se dejan luego enfriar
completamente, evitando el cambio brusco de temperatura (como precaución
conviene envolverlos por un rato en una tela de cocina, repasador, rejilla,
etcétera).
Esterilización.
Para todas aquellas conservas en que es imposible o insuficiente el sistema
de envasado al calor, se debe adoptar la verdadera esterilización que
consiste en someter a intenso calor la preparación, envasada (a baño María)
con la tapa perfectamente cerrada. De esta manera se destruyen los
microorganismos que se reproducirán en poco tiempo comprometiendo
irremediablemente la conserva.
Se debe proceder así: Después de haber colocado la conserva en los frascos,
sin llenarlos completamente como hemos indicado, se limpian cuidadosamente
los bordes, se apoya sobre ellos los aros de goma bien lavados y secos y se
cierra herméticamente la tapa. A este punto si no se posee el
correspondiente esterilizador se debe recurrir a una cacerola común con
tapa, cuyos bordes sean cerca de 10 cm más altos que los frescos que se van
a esterilizar; se ordenan los mismos en la cacerola, pero antes se colocan
en el fondo unas hojas de papel grueso y se envuelve cada frasco con un
lienzo para que durante el hervor no choquen entre sí, provocando roturas.
Quien prefiera, en cambio adoptar la esterilización a vapor el agua debe
bañar solamente la base de los frascos ya que se trata de producir solamente
vapor. Este procedimiento es más largo. Se ha de prestar atención a la
temperatura inicial del agua del baño que debe ser caliente o por lo menos
tibia si el contenido de los frascos está aún caliente; en caso contrario
debe ser fría. El tiempo de esterilización indicado en cada receta está
calculado desde el momento en que se inicia la ebullición del agua, hasta
que se detiene. En el caso eventual de que durante el proceso el agua se
evaporara demasiado se añadirá más, pero hirviendo. Para algunas
preparaciones particularmente delicadas o fáciles de deteriorar, se repite
la esterilización dos y hasta más veces, dejando reposar la conserva durante
veinticuatro horas entre una y otra vez. Este sistema es más largo, pero da
un amplio margen de seguridad porque destruye los microorganismos y la
posibilidad de su reproducción.
Los recipientes o envases para la conservación.
Para obtener buenas conservas es muy importante elegir los envases
adecuados. Son preferibles los de vidrio con cierre hermético, con aros de
goma. Si deben ser sometidos a esterilización se elegirán de vidrio grueso
para evitar que se rompan con el fuerte calor. En lo que se refiere a
capacidad, aconsejamos optar por frascos de 1/4 a 1/2 litro como máximo, de
manera que después de ser abiertos para consumir el contenido pueda
terminarse en poco tiempo evitando alteraciones. Damos ahora algunos
consejos para conservar en forma estos envases: Antes de su uso se han de
hervir con su tapa suelta durante unos minutos, luego se dejarán apoyados
sobre una servilleta hasta que se sequen totalmente. Los aros de goma no
deben deformarse, si así ocurriera habrá que desecharlos reemplazándolos por
nuevos pues se correría el riesgo de no aislar o de no cerrar bien el
recipiente teniendo la conserva contacto con el ambiente exterior. Por este
motivo conviene no colgar los aros de goma sino guardarlos en bolsitas de
polietileno, mezclados con talco y lavarlos bien antes de usar. Para algunas
conservas que no se someten a esterilización se pueden emplear también
envases de cerámica que estando bien cerrados sirven para el mismo fin. Se
trata de recipientes que, aunque rústicos resultan agradables, vistosos y se
pueden presentar en la mesa. Para las conservas de tomate, jugos de fruta y
jarabes es preferible usar botellas fuertes, que se puedan tapar bien luego.
Con ese fin se puede adquirir la máquina especial para tapitas corona así
como éstas.
Los recipientes para la cocción.
Para cocinar las conservas sobre la base de azúcar (mermeladas, jaleas, en
almíbar, dulces, etcétera) los recipientes ideales son los de cobre no
estañados que garantizan una perfecta cocción porque el calor se distribuye
en forma pareja sobre el fondo y las paredes de la cacerola y permanece
siempre constante, por lo que la preparación no se quema ni se pega al fondo
del recipiente. El uso de estas cacerolas, ollas o pailas exige que se
retire inmediatamente la conserva preparada, en cuanto se ha cocido para
evitar que se forme sobre sus paredes el "verdín". Se limpian con vinagre y
sal, enjuagándolas con agua corriente antes de secarlas prolijamente. Esta
tarea se repetirá totalmente antes de volver a utilizarlas. Si no tienen
cacerolas de cobre lo ideal es reemplazarlas por recipientes de acero
inoxidable que ofrece las mismas garantías de calidad, con la ventaja de su
perfecto pulido, que evita limpiezas especiales así como que se forme el
denominado "verdín" o "ardenillo". Con otros tipos de vajillas se obtienen
conservas pero no son tan aconsejables como las anteriores en la obtención
de la perfecta distribución del calor. En cambio para obtener frutas
abrillantadas se usarán cacerolas de cobre no estañado o de acero
inoxidable.
Otros utensilios útilies.
El termómetro es útil si no se posee la correspondiente olla de
esterilización; también puede ser conveniente tener un pesajarabe, además de
un embudo, una balanza, una tabla de picar destinada exclusivamente a las
conservas, grande; cuchillos y cuchillitos especialmente inoxidables, de
varios tipos; tazones de vidrio o cerámica o de acero inoxidable; coladores
inalterables, trapos rejilla y repasadores, estos últimos no deben ser
lavados con detergentes, sino simplemente con agua corriente. |
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